En México, a fines de los años treinta, el historiador Silvio Zavala advirtió que la abundancia de archivos y bibliotecas ofrecía un campo amplísimo para la investigación, pero que no había suficientes académicos que les hicieran justicia con contribuciones originales. De ahí nació la inquietud de fundar un centro de formación de historiadores jóvenes, idea que cobró forma en 1941.
La esencia del Centro de Estudios Históricos (ceh) consistió en impulsar la profesionalización de la investigación histórica mediante la consulta directa de fuentes primarias, con el propósito de renovar formas y perspectivas de aproximación al pasado de México e Hispanoamérica.
Silvio Zavala junto a Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas supervisó muy de cerca la formulación de los planes de estudio y la selección de estudiantes, así como su desempeño en los cursos y seminarios de investigación.
El primer claustro de profesores se compuso en gran medida de académicos republicanos españoles exiliados en México. Algunos de ellos eran los fundadores de La Casa de España, instituida en 1938 a instancias de Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas, y convertida en El Colegio de México en 1940.
Uno de esos profesores españoles que marcaron la formación de las primeras generaciones, José Miranda, describe a ese grupo al que pertenecía como “aquellos a quienes la prolongada y perseverante adversidad arrojaba, como náufragos de la hecatombe europea, a las playas de México”, y afirma que “perdida o debilitada la fe en el solar de sus mayores, pudieron adquirir una nueva fe o levantar la deprimida, en la tierra que les ofrecía una atmósfera propicia: la paz y el progreso, en un ambiente de libertad indispensable para el desenvolvimiento […] del espíritu creador”.1
Los documentos que se publican aquí dan cuenta del quehacer del Centro en sus años formativos, en asuntos relacionados con el otorgamiento de becas a los estudiantes para garantizar una plena dedicación, el estrecho contacto entre profesores y alumnos, el obligado dominio de dos o tres lenguas extranjeras, la estricta disciplina en el cumplimiento de horarios y obligaciones académicas o los primeros resultados del trabajo de investigación, cristalizado en exhaustivas publicaciones individuales y colectivas.
La vara es alta y el mundo es otro pero, como espacio de formación de historiadores, la aspiración del ceh sigue siendo promover el trabajo serio, pertinente, original y riguroso en el estudio del pasado.